El encargo consistía en dotar a una vivienda unifamiliar existente de una zona de ocio y piscina en un terreno con fuerte pendiente y vistas directas a la caldera de Tejeda. El reto era doble: la complejidad técnica de la contención de tierras en ladera y la sensibilidad paisajística. ¿Cómo insertar una lámina de agua sin que parezca un elemento artificial ajeno a un entorno natural tan potente?
decisiones clave
La piscina no se posó sobre el terreno, sino que se incrustó en él mediante un sistema de bancales de piedra del lugar, ocultando la maquinaria. Se utilizó un revestimiento oscuro para el vaso, logrando un tono de agua profundo que refleja el cielo y se integra en el paisaje mucho mejor que un azul turquesa artificial.
resultado final
Más que una piscina, se creó un mirador habitable. La intervención revalorizó exponencialmente la propiedad, generando un espacio de contemplación que respeta y ensalza la belleza del lugar.